Playa de las Catedrales y la costa de Ribadeo

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Una de las playas más espectaculares de Europa, situada en la costa de la Mariña Lucense en la que la naturaleza decide cuándo puede ser visitada. Toda una obra escultórica que la mar va remodelando día a día.


Este es el primer reportaje de una serie de reportajes que voy a publicar de los sitios que visitamos en la ruta que realizamos por toda la costa gallega desde Ribadeo hasta la desembocadura del rio Miño, durante diez días. Este recorrido fue uno de los primeros viajes que realizamos con Carmen mi fiel compañera con un Mini Cúper y una tienda de campaña, de esto hace casi 40 años. Nos hacia muchísima ilusión volverlo a realizar, la verdad es que del anterior viaje nos acordamos de muy pocas cosas, seguramente la percepción que teníamos en aquella época es muy diferente a la que tenemos ahora y también deciros que Galicia ha cambiado muchísimo de como la recordábamos.

Para visitar la ribera de la Mariña Lucense, nos alojamos en un apartamento que teníamos reservado para tres noches en los Apartamentos Bouso a unos cuatro o cinco kilómetros de Ribadeo, muy cerca de Rinlo y a muy pocos kilómetros de la playa de las Catedrales. Los que me leéis con asiduidad ya conocéis nuestra preferencia por alojarnos en apartamentos turísticos o casas rurales. Este en concreto si vais por aquella zona os lo recomiendo por lo bien que nos trataron.

Llegamos al atardecer procedentes de Burgos, con una parada que realizamos en León para visitar su Catedral y otra en Ribadeo, para comprar víveres para unos días. Después de aposentarnos y cenar alguna cosa en el apartamento decidimos que el día siguiente lo dedicaríamos a ver la playa de las Catedrales y la costa de Ribadeo. Cumplimos este plan por la mañana, el plan que teníamos a la tarde era descansar. Pero como siempre nos pasa, a la tarde nos liamos a visitar el Museo de los Molinos de Mazonovo, que tengo que anticipar que fue muy interesante, en Taramundi, que pertenece al Principado de Asturias. De paso también bordeamos la ría de Ribadeo por las dos orillas, dejo lo realizado esta tarde para un próximo reportaje, ya que sería demasiado largo. Total un día muy intenso, como todos los días cuando viajamos. Muy poca gente quiere acompañarnos en los viajes porque dicen que no paramos y yo les digo que tienen toda la razón, ya que después de unos días llevando esta intensidad luego andamos hechos polvo.

 La costa de Ribadeo 

Illa Pacha – 0471

Enseada Da Areosa – 0358

Rinlo – 0366

Las primeras horas de la mañana las dedicamos a recorrer parte del camino costero que va de Ribadeo a la playa de las Catedrales, que pasa por el precioso pueblo pesquero de Rinlo, para llegar a las doce horas y media a la playa de las Catedrales, dos horas antes a que empiece a subir la marea.

El camino empieza en la punta de la desembocadura de la ría de Ribadeo en el mirador de la isla Pancha. Siguiendo esta ruta el camino va bordeando los acantilados recorriendo las diferentes ensenadas de Olga Da Arneda, Loureiro, Da Vella y Coedo, todo ello entre verdes prados cercados para el pasto de los animales y los acantilados, con unas vistas preciosas de la zona costera casi virgen y salvaje. Una preciosidad.

Continuando el recorrido llegamos al pueblo de Rinlo, un precioso y pintoresco pueblo de pescadores. Según un cartel que se encuentra a la entrada del pueblo dice que antaño según cuentan los viejos del lugar, Rinlo es un pueblo con más de 500 años de historia que tiene sus orígenes como puerto ballenero. Actualmente es un pueblo con 300 habitantes que se distribuyen en 150 casas y tienen la segunda cofradía de pescadores más antigua de España. Este pueblo es conocido popularmente como lugar donde crían las mejores langostas, bogavantes y centollos de toda la costa cántabra, debido a que les viene favorecido por la batida que produce el mar a sus acantilados que forman numerosas cuevas y recodos, en la que los mariscos encuentran su sitio ideal.

Dimos un paseo por el pueblo, en la que pudimos apreciar la gran personalidad pesquera que tiene esta población, choca el ver que el mar casi entra al casco urbano y las casas colgadas de los acantilados con sus tejados expuestos a vientos y tempestades. El pueblo es muy famoso por los restaurantes, que ofrecen mariscadas y arroz con bogavante. Uno de los más conocidos es la Cofradía de Rinlo.

Siguiendo la ruta hacia la playa de las catedrales a pocos metros del pueblo nos encontramos la Cetárea de Rinlo, una muestra de cómo eran las antiguas cetáreas que utilizaban para la crianza del marisco. Aquí podemos apreciar perfectamente el tipo de roca en la que está formada los acantilados en el que se aprecia la formación de diferentes capas de pizarra y esquistos, una roca muy habitual en la zona. Siguiendo el camino, tenemos dos opciones una es ir directos a Meiregos para acortar el camino y la otra continuar siguiendo la costa en la que cruzaremos dos ensenadas, o pequeñas bahías, y las playas de Xuncos, dos Castros, Das Illas y la Esteiro. Es de destacar las preciosas vistas que se pueden ver de la costa, sobre todo las que vimos aquel día en la que los matorrales estaban floridos formando una alfombra de color verde, amarillo y rojizo.

 Playa de las Catedrales (Praia das Catedrais) 

Playa de las Catedrales – 0417

Playa de las Catedrales – 0417

Cueva en la playa de las Catedrales – 0385

Llegamos en su mejor momento para disponer de dos horas largas para poder recorrer los ciento veinte o ciento cincuenta metros que tiene en línea recta de punta a punta, para disfrutar de toda la inmensidad que presenta esta playa cuando la marea esta baja. Esta oportunidad se presenta solo cada 12 horas y media aproximadamente en una jornada. Ver tabla de mareas en la playa de las catedrales.

Existe un aparcamiento no muy grande, en la que supongo que en la temporada de mucha afluencia turística debe quedar totalmente saturado, ya que para acceder en épocas de Semana Santa y los meses julio, agosto y septiembre, es obligatorio llevar la correspondiente autorización que puedes obtenerla aquí. Las autorizaciones son solo para unas cuatro mil ochocientas personas al día.

Nosotros no necesitamos la autorización ya que la visitamos a finales del mes mayo, te recomiendo que si quieres apreciar con toda su inmensidad esta obra escultórica que nos ha dejado la naturaleza, evites visitarla los meses y días de gran afluencia de turismo. No quiero ni imaginar de cómo debe ser la visita a esta playa con 4.812 personas en ella. La playa está declarada Monumento Natural por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Galicia.

El acceso se realiza a través de una escalera que desciende por el acantilado, hasta la playa. La sensación que tuve al llegar abajo es la de sentirme como si fuera una hormiga, delante de la gran explanada de la playa y la altura de los acantilados que la rodean, ya que en algunos casos alcanzan los treinta y dos metros de altura. A medida que vas recorriendo la playa empiezas a descubrir cuevas que en algunos casos son oscuras y profundas, y en otros casos son un túnel que cruza la roca que comunica con el otro lado del acantilado, en el que descubres otro rincón entrañable, con charcos de agua.

Una de las zonas del recorrido que llama más la atención es la de los arbotantes. Donde el acantilado parece estar reforzado por unos medios arcos, parecidos a los que se utilizaron en la construcción exterior de las catedrales góticas, para recoger la presión del arranque de la bóveda y transmitirla a un contrafuerte o estribo del muro de la nave de la catedral. Es por este motivo que la llaman la playa de las catedrales.

La erosión de millones años y el envite del mar han formado estas preciosas esculturas, en que cuando las visitaba, no dejaba de pensar que solo hacia unas seis horas muchas de las cuevas por las cuales nos paseábamos tan tranquilamente estaban totalmente cubiertas por el mar. Todo un lujo pasear por esta playa, en un día soleado de primavera. Si tienes la oportunidad de visitarla te recomiendo que no te la pierdas, podrás disfrutar de una de las playas más bonitas y espectaculares del mundo.

Al anochecer, ya que estábamos alojados a muy pocos kilómetros de la playa de las catedrales fuimos a los miradores de encima de la playa para sacar fotografías de la marea alta y ver si teníamos suerte de poder sacar alguna fotografía de la puesta de sol. No tuvimos suerte, el cielo estaba totalmente encapotado.

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